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Educación Preventiva

 

DR. ISAURO BLANCO
EDUCACIÓN PREVENTIVA

 

Hemos realizado un viaje por el maravilloso mundo de la educación. El mundo de la libertad y la felicidad.

Al ser padres nos convertimos en aventureros de la esperanza, porque abrimos la puerta del futuro y acompañamos a nuestros hijos en sus primeros pasos. Cada avance educativo amplía el horizonte y cada respuesta plantea nuevos interrogantes que nos impiden el conformismo y alientan el crecimiento personal: al educar, nos educamos. Cada hijo es una invitación al crecimiento psicológico.

Esta obra propuso un mapa de navegación que señala el rumbo para llegar a nuestro destino de grandeza. Ciertamente, no es fácil caminar por el horizonte de la educación porque no existen senderos: cada persona debe abrir el suyo y guiarse con herramientas esenciales y trascendentes, porque no hay espacio ni tiempo para las trivialidades, ni nos podemos perder en la irrelevancia.


El amor que prodigamos a nuestros hijos es el alimento de su libertad; lo servimos en su mesa todos los días y por eso crecen espiritualmente; de otro modo languidecen durante toda su vida, encarcelados por sus instintos, apatía y desorientación. Sin el amor, nuestros hijos son estructuralmente raquíticos, débiles de voluntad, miopes en sus metas.
El amor es naturalmente expansivo y se multiplica mientras más se prodiga; cuando las familias viven en este ambiente cálido, los diferentes recursos personales se activan y crecen.

La indiferencia o el egoísmo son actitudes cerradas en sí mismas y por lo mismo, son estériles. Las personas más desventuradas han nacido en ambientes egoístas y se convierten en huérfanos funcionales, ansiosos de atado, buscadores extraviados de reconocimiento, que no tienen la libertad de explorar horizontes; más bien, pretenden huir de su propia cárcel, en la que han nacido. Sólo los libres aman realmente y al amar, liberan; no necesitan desesperadamente de los demás, ni generan simbiosis.
La familia en la que nacen los seres humanos proyecta en cada uno de sus hijos un estilo de vida, que se convierte en los elementos de la propia trama. Hay una herencia psicológica, que se entrega diariamente mientras vivimos los padres y no se agota con nuestra muerte, pues seguimos viviendo en sus sistemas de creencias, en sus valores y en la inteligencia que les regalamos con la educación. El equilibrio matrimonial plantea en las mentes de nuestros hijos modelos de relación; forma un ambiente de paz y armonía, que se transfiere a otras dimensiones personales. Los primeros aprendizajes suelen ser los más fuertes, además de trascendentes por elimpacto que tienen en las mentes fértiles de los niños, así como porque tocan las raíces de los sistemas de creencias y los patrones emocionales con los que gozamos nuestra existencia o la sufrimos amargamente.

La autoestima permite al ser humano ampliar el ámbito de la libertad interior.

Los ojos del alma asoman brillantes en el respeto y aprecio que tenemos por nuestros pensamientos y sentimientos, en la capacidad para despertar el respeto en todas las personas cercanas de nuestra vida.

En especial, la autoestima nos libera del miedo que se ha convertido en la emoción más esclavizante de la humanidad; la mayoría de los límites han sido establecidos por el temor en cualquiera de sus facetas: ridículo, error, crítica, muerte, futuro ... hasta una falsa idea de Dios. Cuando dominamos al miedo, la libertad interior vuela hacia horizontes insospechados.


La disciplina es la estructura de la libertad interior. Esta herramienta propicia en nuestros hijos la fuerza de voluntad necesaria para superar las trivialidades y no entregarse a la engañosa comodidad de una vida con excesiva permisividad, que corrompe su potencia¡. La libertad muere fácilmente sin la disciplina, pues deja al ser humano a merced de la tiranía de los instintos, de las circunstancias y de los impulsos sin dirección. La disciplina tiene también la función de sistema inmunológico de la libertad; la protege de todas las amenazas internas y externas que aparecen todos los días como reto, dificultad y dolor.


Los valores proporcionan orientación a la libertad para evolucionar hacia niveles superiores de humanidad. Somos libres para ser mejores; sin valores, la libertad se convierte en anarquía y autodestrucción. La fuerza de la liberación interior requiere de una brújula permanente que canalice el impulso y la ambición humana por los caminos de la integridad. Cuando nuestra vida no está orientada por una sólida jerarquía de valores, los recursos personales así como los talentos intelectuales se salen de sus límites protectores; también convierten a la riqueza en un peligro, que amenazan su propia expansión.


Gracias a nuestros hijos, tenemos la oportunidad de explorar nuestra propia grandeza, para encontramos con sorpresas maravillosas. los hemos invitado a la vida y esperan de nosotros una atenci6n de excelencia, proveniente de lo mejor de nosotros mismos.


Gracias a nuestros hijos encontramos un espejo que refleja nuestra realidad y nos invita a mejorarnos porque la frescura de una nueva vida siempre ilumina rincones desconocidos de nuestra personalidad que hubieran quedado en la oscuridad de la inconciencia.


Hoy a cada hijo le podemos decir: te he invitado a la vida; iré contigo hasta el final del camino.

 

 

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